viernes, 16 de noviembre de 2018

Dale al porfiao

Agoniza el año 2018, muy pronto estaremos contando los días del 2019. Unos cuantos pronosticadores de oficio o, más bien, sin oficio, se dedicaron a afirmar que el sr. Maduro no llegaría hasta donde ha arribado.
La vida pública se ha convertido en un funambulesco teatro donde conviven apostadores, pronosticadores, magos, brujos, adivinadores, parlanchines, trapecistas y otros oficios de semejantes destrezas. La lectura del tabaco, la borra del café, el significado de las cartas entre otras prácticas, parecieran formar parte del arte político de unos cuantos aspirantes a ocupar los espacios de La Casa de Misia Jacinta.
En ese trajinar de anuncios, de eventos próximos a suceder, todos incumplidos-no podía ser de otra forma- ha transcurrido la vida de los venezolanos en los últimos años. En esa vorágine de desenlaces contagiaron a una parte de la sociedad que ante la ausencia de una salida realista y favorable a sus circunstancias, terminó creyendo en políticos devenidos en prestidigitadores que solo produjeron frustración, escepticismo y pérdida de confianza en el buen y recto ejercicio de la política.
Retorno al pasado
A una parte de la oposición le ha dado por rotar sobre sí misma. Gira en círculos. Vuelve sobre sus pasos. Busca o pretende conseguir lo que antes no obtuvo con las mismas prácticas. El comportamiento del “porfiao”, que le das y le das y no se cae.
En enero de 2017 la Asamblea Nacional, declaró la ausencia absoluta del presidente y vendió la idea de que, siguiendo la letra de la Constitución, en 30 días, tendríamos elecciones y nuevo presidente. Ni el dictador, así se le calificó, estuvo ausente ni tampoco hubo elecciones.
Un nuevo giro, ciclo de repetición de ideas similares, es la siembra de incertidumbre acerca del, ahora enigmático, 10 de enero de 2019. El libreto ya debe estar listo, no es difícil imaginarlo, son demasiados predecibles; Maduro había perdido su legitimidad de desempeño, solo falta despojarlo de su legitimidad de origen. El mandado está hecho, así pensarán y harán creer a los demás; con la no comparecencia de Maduro ante la AN caemos, nuevamente, en ausencia absoluta del presidente.
Bien, en este retorno a más de lo mismo, al ingreso a un laberinto sin salidas, conviene preguntarles a los malabaristas: ¿Cómo garantizarán un nuevo presidente en 30 días? ¿Ante quién solicitarán la convocatoria de elecciones? ¿Le pedirán al Delcy Rodríguez que asuma la presidencia mientras se convocan y se realizan las nuevas elecciones? ¿A quién o quiénes solicitarán la restitución del orden constitucional?  Y, si después de mucho tiempo una decisión de la AN tuviera eficacia, lo que significaría que se convocarán elecciones en el lapso estipulado por la normativa vigente ¿Participaría toda la oposición en las elecciones o volverían a repetir sus erráticos pasos? Posiblemente algunos sigan dándole al porfiao.
Lecciones juveniles

Los muchachos -debería escribirse en mayúsculas- de la Universidad de Carabobo acaban de dictar una cátedra política a los que dicen ser políticos de oficio. Un dirigente estudiantil asesinado, otros perseguidos y sujetos a amedrentamiento sistemático, sin embargo, confiados en su prestigio y en su condición de verdaderos y auténticos líderes de su universidad concurrieron a las elecciones y ocurrió lo que suele pasar en estos casos: ganaron con una amplísima ventaja al gobierno nacional y regional.
No hubo sorpresas. Cuando el voto es masivo y contundente no hay violencia ni intimidación que tuerza la voluntad electoral. La gesta estudiantil de Carabobo es un excelente mensaje para los que aún no entienden ni terminan de aprender

viernes, 9 de noviembre de 2018

Negociación política


La crisis venezolana no parece acercarse a su fin, por el contrario, se acentúa y sus efectos golpea severamente a la sociedad; la tragedia económica que se deriva de las erráticas políticas adoptadas por el gobierno de Maduro no anuncian cambios significativos de las circunstancias actuales. La hiperinflación sigue su camino y los especialistas estiman que entraremos en una fase mucha más severa y agresiva.
Las perspectivas de recuperación económica son escasas e imposibilitan que el gobierno pueda atender los compromisos futuros. La devastación ambiental que en la actualidad se desarrolla en el Arco Minero no proveerá los recursos suficientes, además, la caída sistemática en la producción petrolera, que algunos estiman que para fin de año estará por debajo del millón de barriles diarios, configuran un panorama terrible para la nación.
¿Caerá?
Algunos ilusos y quiromantes anunciaron el fin de Maduro luego del 20 de mayo. La hiperinflación, esa que nos golpe diariamente, hora tras hora, haría el trabajo que la oposición no pudo hacer. Otros imaginaron al portaviones USS George H. W. Bush entrando a aguas territoriales para poner orden. Nada de eso ha ocurrido ni ocurrirá. No hay sirenas en Macuto.

Lo que sí ocurre es el aumento del costo de la vida; la reconversión de la moneda solo sirvió para enredarle la existencia a la gente común y no tan común, no son pocos los comercios que sin mayor recato ofrecen sus servicios en divisas. Si no tiene dólares los euros son bien recibidos: Nada de yuanes, rupias ni rublos, mucho menos petros, cosa “cripto-algo”, cuya existencia produce hilaridad. Todo está dolarizado menos el salario.
Nonadas opositoras
Frente a esa realidad la oposición dedica su tiempo en nimiedades. Su último duelo lo libraron declarando persona non grata a Zapatero, cuya utilidad no tiene sentido analizar, a no ser que el gobierno de Pedro Sánchez se sienta ofendido por esa afrenta en contra del exjefe del gobierno español   
Pero la Comunidad Internacional ha hablado, ha enrumbado su curso. Ha sido clara. No habrá suspensión de las medidas que hasta ahora han tomado en Europa ni en Estados Unidos contra funcionarios del gobierno de Maduro.
Las medidas tienen un objetivo: Borrell desde España señala su parecer: " la única vía que permitirá a Venezuela retornar a un escenario de respeto democrático es una solución democrática, pacífica y negociada entre los venezolanos.” Luego el representante de Francia, Romain Nadal, en la misma dirección del español afirma: “para que los actores tengan el coraje y la valentía de reunirse, hablar, respetarse y negociar una solución política…” Y luego, para rematar la faena, dejando claros mensajes al gobierno y a la oposición, la jefe de la diplomacia europea, Federica Mogherine afirma que: “no piensa “suavizar su posición” pese a estudiar la creación de un “grupo de contacto” para “facilitar” una solución política.”
Los mensajes de diversos actores internacionales han sido nítidos y contundentes. No hay razones para descaminarse de la ruta, tantas e insistentemente señalada: una negociación política que coloque el cesto de la basura las posiciones existencialistas. Quienes entonan himnos de guerra, salivan de solo imaginar intervenciones militares y promueven la sustitución de una dictadura por otra, siempre desde tierras lejanas, se han quedado recibiendo trompetillas, apenas acompañado de un atolondrado Almagro.
Los sectores democráticos de Venezuela tal como lo que describe y prescribe el buen sentido político, y que ahora lo exigen actores internacionales, deben establecer las formas y modos de una negociación política, y los aspectos sustanciales que deberían ser abordados en términos inmediatos.

jueves, 1 de noviembre de 2018

Una historia: Teodoro Petkoff


Polémico y controversial. Auténtico y valiente. Carismático y racional. Cuántas cosas más podría decirse de Teodoro. Muchas.
Hubiéramos querido asistir a otros de sus memorables escapes, pero la emboscada de la muerte es infalible e inevitable. Llega haciendo su misión sin preguntar si nos parece oportuno el día y la hora.
Comentar acerca de la vida de Petkoff no es materia breve. Las distintas facetas que ocupó nos tentaría a escribir un largo ensayo, y este no es el caso. De todas maneras, el paso de este venezolano por la tierra obligará a escribir y a citarlo en no pocas oportunidades. Su vida es un arsenal de historias y enseñanzas. Cada episodio implica una historia que contar y comentar.
Lo cierto es que Teodoro siempre se hizo notar, incluso su propia desaparición ha desatado un sinnúmero de opiniones. Su llegada al cualquier lugar significaba un acontecimiento, un rumor generalizado: “allí está Teodoro”, comentaban. En los candentes debates del MAS, partido del cual fue fundador, era común preguntarse: el Catire va a tomar el derecho de palabra, e inmediatamente se llenaba el auditórium.
Teodoro fue, sin lugar a dudas, un político y un intelectual con una fuerte e importante proyección pública. Conviene recordar el impacto que ocasionó en el mundo intelectual de izquierda la aparición de Checoeslavaquia, El socialismo como problema (1968), ensayo el cual expresó su oposición frente a la intervención armada de la URSS a esa nación, en atención a la doctrina de “soberanía limitada” aplicada por Leonid Brézhnev.
A partir de entonces se abre un debate en el seno de los partidos comunistas que produjo que el 24 Congreso del PCUS calificara de herejes tanto a Petkoff como a Roger Garaudy Ernst Fischer, francés y austriaco respectivamente, quienes mantuvieron severas críticas al aplastamiento de la denominada Primavera de Praga.
Al poco tiempo Teodoro estremecería al mundo del socialismo –de nuevo- especialmente a esa intelectualidad de izquierda que renunció a su capacidad de pensar y a simplemente seguir las “coordenadas ideológicas” impuestas por el partido matriz, el partido comunista soviético. Proceso a la izquierda (1976) se convierte en un texto fundamental en el debate y esencial para el partido del cual fue candidato presidencial, diputado, senador y su líder fundamental: el MAS.
Así fue Teodoro, un hombre que escribía lo que pensaba, que decía lo que le dictaba la razón. Jamás se sometió a tortura de la autocensura. No escribió ni dijo lo que otros querían oír. Su enorme talla intelectual lo convirtió en un ser autentico y no un monigote dirigido por las pasiones ajenas y el márquetin.

Con la partida de Petkoff pudiéramos estar asistiendo a la extinción de ese tipo de políticos para los que la palabra era un compromiso. No abunda en estos tiempos  políticos que actúen según la realidad que observan y que expresen, con la  claridad con la que lo hizo Teodoro, “claro y raspao”, el destino que perseguía. El pretendido liderazgo de estos tiempos parece preocuparse más por el “qué dirán” que por lo que ronda en sus neuronas.
Quienes compartimos con Teodoro una larga travesía en la búsqueda de una sociedad más justa, de una mejor Venezuela, nos causa un profundo dolor tener que saber que no contaremos con su presencia. Nos queda el tremendo placer de haberlo conocido, de haber compartido en la militancia política y en la amistad.
Ser teodorista no era cosa sencilla, pero era una forma de ser y estar en la política. Eso fuimos, creo que somos y difícilmente dejaremos de serlo.
                    

jueves, 1 de marzo de 2018

Frente Estrecho


La MUD fue una plataforma unitaria en la que se agruparon una serie de partidos opositores. Sus logros son inocultables: se alcanzó la unidad electoral que permitió obtener una bancada parlamentaria importante y luego en 2015 se obtuvieron las dos terceras partes de la Asamblea Nacional; pudo, además, acompañar en dos ocasiones a un candidato unitario a la presidencia. En su última oportunidad su candidato, Henrique Capriles, perdió por escaso margen frente a Maduro.
Dos ciudadanos, de extraordinaria cualidades políticas, Ramón Guillermo Aveledo y luego Chuo Torrealba, lograron hacer de esa alianza una estructura electoral exitosa, sin embargo, ambos dejaron sus responsabilidades sin que se explicara al país las razones para salir de dos “operadores políticos” cuyos logros son inocultables

La resaca que produjera el éxito parlamentario del 2015, condujo a una primera fisura: elegir al primer presidente de una AN de mayoría opositora, la sustitución de Chuo Torrealba por una suerte de voceros de los partidos integrantes de la MUD y de una nueva estructura de la plataforma opositora.
Los cambios, a la luz de los últimos resultados, son elocuentes. Todas las iniciativas adelantadas fracasaron: privilegiar el revocatorio sobre las elecciones regionales, pronosticar la imposibilidad de una ANC que luego se instaló, se anunció un éxito en las elecciones regionales para luego ganar solo 5 gobernaciones y seguidamente abandonar la participación en las elecciones municipales.
En lo que va desde el éxito electoral en 2015 hasta la fecha solo se han acumulado fracasos, desesperanza, escepticismo y hasta luto. Es lo único que ha recibido la sociedad venezolana a causa de una política nefasta.
En política como en toda actividad humana las posibilidades de equivocarse son normales. La MUD acertó y mucho con Aveledo y con Chuo y, sin embargo, se les destituyó. Ahora, la actual conducción fracasa estrepitosamente y ni siquiera se dan por aludidos y cuidado si suponen que han hecho una faena de antología.
Lo saludable, la lógica, era hacerse a un lado y buscar a Chuo o Aveledo, tal vez a otro, para recoger el reguero de fracasos y enderezar el rumbo, pero no, allí siguen, acentuando la desconfianza que sobre ellos pesa e impidiendo la posibilidad del cambio político que exige el país.
La solución anunciada, como si se tratara de cambiar de fachada, es denominarse Frente Amplio. Exactamente la copia que los marxistas, comunistas y socialistas uruguayos inventaron en la década de los 70. Antes, en tiempos de la Coordinadora Democrática, la culpa se la echaron a la excesiva influencia que ejercieron los jefes de los medios de comunicación -evito nombrarlos- ahora, en ausencia de éstos tendrán como validadores de la política a Fedecámaras, la Conferencia Episcopal y la Asociación de Rectores y algunos otros.
La génesis del modelo uruguayo en Venezuela, su copia, arranca con mal pie. El Frente Amplio que surgirá de la MUD, su nueva metamorfosis, inicia su andar repudiando y excluyendo a Avanzada Progresista y a su candidato, Henri Falcón, por no atender a las sugerencias de quienes a sabiendas de que deben participar en estas elecciones presidenciales, se entregan al griterío de las tribunas. Más que un Frente Amplio luce un Frente Estrecho, excluyente y sectario.
La política y el liderazgo deben ejercerla quienes deben, los que a eso se dedican. Bastantes lamentos se oyeron cuando finalizó la era de la Coordinadora Democrática por la intromisión e imposición de una suerte de poderes fácticos. No se ha inaugurado la mutación que observará la MUD, cuando ya se quejan de lo mismo. Hace pocos días la comunicadora social, Mari Montes, colocó un tuit muy apropiado para el momento: “Si escuchas lo que dicen los fanáticos desde la tribuna, muy pronto estarás en la tribuna con ellos”: Tom LaSorda

jueves, 22 de febrero de 2018

Dictadura consentida

Los venezolanos hemos enfrentado varios desafíos en el curso de nuestra historia. El más universal de los venezolanos que emprendió la tarea de proveernos de libertad, Francisco de Miranda, se apareció por estas tierras convertido en un sesentón para iniciar la lucha por la emancipación de Venezuela. Otros siguieron sus pasos y junto Bolívar nos hicimos libres de España. Casi medio siglo tuvo que transcurrir del siglo XX para que los venezolanos lograrán superar las revueltas, revoluciones y otras convulsiones para comenzar a acariciar las ventajas de la naciente democracia. De cualquier forma, ese lapso comprendido entre 1945 y 1948, si bien se alcanzaron importantes libertades no dejaron de ser convulsas.
No fue sino hasta 1958 cuando se inicia un largo recorrido democrático, con sobresaltos, pero democrático. Se sucedieron varios presidentes y se alternaron partidos en el ejercicio del poder.

Nos alcanza el sigo XXI y la admonición recibida en el última década del siglo anterior es vivificada. Han transcurrido 18 años de este nuevo siglo con libertades amenazas, con un orden civil coaccionado y debilitado. El déficit democrático que observa el país en las casi dos décadas de esta joven centuria es notable y alarmante.
El régimen de Maduro va avanzando, coloca piedra sobre piedra, ha cimentado y amalgama sus posiciones, va liquidando los avances democráticos adelantados desde 1958. Las libertades conquistadas son arrancadas de las manos a los venezolanos sin que una dirección política coherente logre impedirlo. Es la tragedia de estos desafortunados tiempos.
Nadie ha erigido a Maduro dictador, aun cuando este lo desee. Tampoco la ANC, electa de manera excluyente y sin la consulta al titular de la soberanía puede arrogarse tal papel, aun cuando los poderes públicos hayan desfilado a hincar sus rodillas frente a ellos.
Las pretensiones dictatoriales han de ser enfrentadas con audacia y decisión. A las dictaduras les da por consultar y convocar elecciones sin ofrecer las condiciones mínimas que exigen los procesos democráticos, siempre han sido desventajosas para la oposición democrática. Exigirles condiciones decentes, equitativas y justas va contra su propia naturaleza. Esperar el cumplimiento de un proceso electoral dictado por los principios democráticos no es otra que consentir pasivamente la eternización de la dictadura.
La actitud de algunas fuerzas democráticas de hacerse a un lado en las elecciones presidenciales por falta de condiciones electorales aceptables supone otorgarle al régimen un carácter que no tiene. Si este es un régimen dictatorial- como se afirma- cómo ha de suponerse que garantice condiciones para que sea derrotado. Dónde y en cuál régimen con esas características se ha ofrecido elecciones justas. Ahora, qué ha pasado cuando aún en circunstancias adversas, como las que ahora plantea Maduro, los sectores democráticos han participado activa y masivamente. No veamos la historia como los niños la sopa.
Lo cierto es que hasta ahora la participación ciudadana se ha llevado por delante regímenes autoritarios. La abstención y la inacción electoral solo actúan, sin desearlo, como legitimadora del régimen, configurándose, de esa manera, una dictadura consentida. Eso es justamente lo que emerge de la quietud: Ex nihilo nihil fit.
Entregarse sin dar la pelea es una opción, ciertamente la peor, y a eso juega Maduro: a la inmovilización, al escepticismo, a la abstención, a la inacción y a que los venezolanos miren indiferentes como le arrebatan la libertad.

La sociedad puede ejercer su poder intimidatorio con una inmensa movilización de votantes el día que corresponda. Ya lo hizo, lo logró y puede volver hacerlo.

jueves, 15 de febrero de 2018

¿Otra vez?

Sí, pero no. Dale y después vemos. Espérame que no llegaré. Expresiones de una política sin aliento y sin futuro que solo se inspira en una abreviada mirada. Son como aquellas aves de atractivo plumaje y de pico largo, que a muchos atrae, pero que su  mirada corta y bajo vuelo la hacen presa fácil de los depredadores.
Eso es lo que hoy se ofrece a los venezolanos: ahora abstención y luego ya veremos; antes lo habían hecho los adecos del 52 cuando llamaron a la abstención negando los votos a Jóvito Villalba, luego, en el 2005, junto al resto de los partidos le entregaron a Chávez toda la Asamblea Nacional. Lo repitieron en el 2017, regalaron las alcaldías y debilitaron la unidad.
Lo común en cada uno de esos momentos es, por un lado, que la dictadura no cayó sino hasta 1958 y no por obra de la abstención electoral, mientras que en los eventos más recientes, 2005 y 2017, revelan con meridiana claridad la inutilidad de la abstención como instrumento de cambio político: el chavismo sigue allí.
El argumento que siempre reposa en la mesa para defender la abstención es el de la legitimidad que otorgaría al régimen la participación electoral, cuando en verdad la legitimidad viene originada por el apoyo que recibe el gobierno por sus acciones. Dice Pierre Rosanvallon: “La elección solo valida un modo de designación de los gobernantes. Ya no implica una legitimación a priori de las políticas que luego se llevarían a cabo.”
A partir de esa precisión del historiador francés, bien puede concluirse que aun cuando no se participe en una elección, la designación que emerja de allí no queda deslegitimada por una baja cantidad de sufragios a favor del ganador. así como tampoco por una alta abstención. Basta recordar que en su segundo mandato Caldera obtuvo cerca del 30% de los votos y en ningún momento se puso en duda su legitimidad y jamás se solicitó su dimisión por el escaso apoyo obtenido.
Durante el período correspondiente a la AN electa en 2005, se aprobó una Ley Habilitante que produjo 26 leyes. Los partidos políticos interpretando el clamor popular-esa fue la excusa- advirtieron que los actos de esa AN serían írritos y revestidos de ilegitimidad por los escasos votos obtenidos. Bien: ¿cuántas de esas leyes fueron boicoteadas por los partidos y el clamor popular? ¿Se dejó de cumplir alguna de ellas? ¿Dejó de gobernar Chávez? La obviedad de la respuesta salta a la vista.
Insistir en la abstención como una salida mágica es y seguirá siendo un error, una ruta cuyo fracaso es conocido. La vida de los venezolanos no la construyen actos fortuitos ni el destino; el futuro de Venezuela estará signada por las cosas que hagamos y por la que dejemos de hacer. El gobierno cambiará si en conjunto obramos en esa dirección.
Los últimos sondeos de opinión revelan una decidida inclinación de la sociedad de superar sus dificultades a través de las elecciones; no menos del 65% de la población  lo señala. Cómo explicarle al país que se optará por la inacción, por la abstención, cuando ya se conocen sus resultados.

Despojarse de las anteojeras, superar las diferencias y optar por un mecanismo científico, estadístico y confiable para decidir un candidato unitario es una opción que debe ser adoptado con prontitud. Los partidos políticos de oposición no deben impedir que la oposición nacional, bastante superior a la de los partidos, se exprese mayoritariamente a favor de una salida democrática.

No existe una condición dilemática entre participación y abstención. La primera representa una oportunidad, la otra nos mantiene en ese oscuro túnel de la certidumbre de que nada cambiará para bien, sino para mal.

miércoles, 3 de enero de 2018

Enfrentados por el botín

Terminó el 2017 con la aparición de una inusitada moralidad en las esferas del poder que pareciera, parafraseando a Fukuyama, que una espora proveniente del espacio exterior llegó infectando al cuerpo político gubernamental, dotándolo, ahora sí, de una clara comprensión del bien y del mal. Han podido, gracias a la espora, convertirse en sujetos de bien y paladines de la justicia.
La historia de la corrupción requeriría de muchas páginas y la de ese fenómeno en Venezuela de una buena cantidad de cuartillas. Desde hace mucho en Venezuela dejaron de observarse toda normativa que condujera a una transparencia en las contrataciones públicas y, en muchos casos, se acude a subterfugios para saltarse cualquier tipo de ley o reglamento.
Los estudios sobre la corrupción en el mundo indican que más de las dos terceras partes de los países no cumplen con prácticas sanas en el ejercicio de la función pública y en esa materia Venezuela no es una excepción ubicándose entre los países con peores indicadores.
Durante el año que recién termina el mundo fue sacudido con asaz escándalos de corrupción. Los Panamá Papers, investigación adelantado por comunicadores sociales de diversas naciones, pusieron al descubierto un entramado de cuentas en las que aparecieron involucrados empresas y políticos de diversas naciones. En Brasil, la empresa petrolera, Petrobras, enlodó la política local y algo más, y se llevó por delante a Lula y a Dilma Rousseff. La misma Petrobras acaba de acordar una compensación por 2.950 millones de dólares a unos inversores afectados por el escándalo de soborno y corrupción.
Del gigante sureño también surgió una batahola que sacudió y sacude toda la región. La Constructora Odebrecht se hizo, con el apoyo de los revolucionarios brasileros, de enormes contratos; muchas veces se dijo que el expresidente Lula venía a Venezuela a interceder por pagos pendientes del gobierno de Chávez. Lo señalado por Marcelo Odebrecht, ante los tribunales de justicia, en materia de sobornos y corrupción, involucra a importantes sectores del mundo político regional que incluye expresidentes y hasta presidentes de diversas tendencias.
La opacidad o transparencia que van adquiriendo los países va acompañada con el rasgo del gobierno de turno, según desprende de los informes de Trasparecía Internacional; cuando los líderes que arriban al poder provienen del populismo y derivan en regímenes autocráticos, descienden un sus puntajes, caso distinto, como en el de Argentina, que con Macri ha visto recuperar sus indicadores.
Sí bien la corrupción está instalada en todo el mundo es difícil creer que los revolucionarios del siglo XXI, luego de 18 años de saqueo al erario público, se aparezcan, en acto de arrepentimiento, a desenvainar la espada para liquidar a los corruptos, a esos funcionarios que desde bien temprano con Chávez disfrutaron, y  hasta hace unos días con Maduro, del ejercicio del poder.
Cómo no creer que se trata de una vendetta entre pares. Cuando el fiscal con cara de Perry Mason solicita juicio y cárcel a quienes hasta hace muy poquito eran sus socios de gobierno, le saltan acusaciones respecto a la adjudicación de contratos a dedo limpio mientras ejercía la gobernación del estado Anzoátegui.

El gobierno de Maduro y su Fiscal solo nos dicen que el gobierno de Chávez fue el más corrupto del 58 hasta el presente. Eso es verdad, no se duda, se comparte plenamente, pero este gobierno no es distinto al anterior, es su continuidad. Una verdadera joya fue ver a Maduro anunciándoles a los alcaldes recién electos que podrían ejecutar presupuesto sin el estorbo que significaba la ley. Se babearon, gritaron a rabiar ante el decreto madurista de opacidad administrativa.
La administración de justicia brasileña sigue sus investigaciones y Marcelo Odebrecht sigue su recital. Allí no estorban las leyes. De allí saldrán a relucir otros flamantes coimeros y sobornadores. Todo parece indicar que el gobierno venezolano no podrá obtener una carta de buena conducta y, por cierto, pareciera que tampoco se le firmará a algunos opositores.